Que una miel se cristalice es sinónimo de pureza. Este fenómeno ocurre más rápido cuando la temperatura está entre 12 y 15ºC. Además, cuanta más glucosa tenga la miel, más rápido se solidificará. La cantidad de glucosa y fructosa que tiene una miel dependerá totalmente del néctar de las flores que hayan libado las abejas. En nuestro caso, nuestra miel de brezo se cristaliza mucho antes que la de mil flores, como se puede ver en la imagen.

Una miel líquida no pierde propiedades cuando se solidifica, simplemente cambia de color y de textura. Sin embargo, muchos prefieren la miel líquida. Si queremos licuar una miel cristalizada, pondremos el tarro al baño María, sin superar nunca los 36-40ºC, a fuego lento y bajo, que podamos tocar el agua con la mano sin quemarnos, para que la miel no pierda propiedades. Con el paso del tiempo, esa miel se volverá a cristalizar, pero si está en un ambiente con una temperatura superior a 15ºC tardará en hacerlo. Siempre será mejor licuar una miel pura que esté cristalizada, que no comprar una miel siempre líquida y de baja calidad.

Nosotros defendemos la miel pura y artesanal que no ha sido sometida a procesos industriales y no ha sido pasteurizada. Las mieles que no se cristalizan, salvo muy pocas excepciones, han sufrido este proceso. Para ello, las suben a temperaturas alrededor de 80ºC, perdiendo así todas sus propiedades, rompiendo sus cristales, por lo que se mantendrán siempre líquidas y haciendo desaparecer las levaduras, entre otras cosas.

Si queremos evitar estas “mieles”, también es importante leer las etiquetas. No es obligatorio poner el origen exacto de la miel, por eso en muchas etiquetas se podrá leer “Miel originaria y no originaria de la UE”, ¡dejad ese producto donde estaba! Si nos fijamos en el precio del Kg, no será mucho más barata que la que puedas comprar a un apicultor local, asegurándote con este que la miel sea pura.